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viernes, 26 de febrero de 2010

Capitulo 21

-Chicos, ¿que os ha pasado?
-Nada, bueno… si, nos hemos transformado en vampiros adultos, pero creo que a parte de eso nada mas-dijo Ed con una sonrisa picara.
-¿Por que no me lo habéis comunicado antes? No veis que esto es importante tenemos que comprobar vuestro estado de salud por si os falta algo-dijo Neferet con una falsa preocupación.
-Mm... Nos encontramos perfectamente Neferet pero muchas gracias.-dijo Claire
-Me alegro mucho chicos. Pero esto de vuestra transformación tan repentina no debe ser bueno… Se que a partir de mañana tenéis que dejar la casa de la noche pero vuestra situación es distinta a la de los demás. Normalmente tenéis que pasar cuatro años siendo iniciados antes de madurar pero vosotros apenas lleváis unos meses… No podéis iros de la casa de la noche. Pero en esta no estaréis bien. Tenéis que ir a una adaptada a vuestras capacidades. Hay una pequeña propiedad de la casa de la noche en el monte allí esta la sucursal de la magia de los vampiros. Allí esta el árbol sagrado, creo que allí estaréis bien.
-¿Qué? ¿Trasladarnos?-Dije aturdida por el gran giro que habían dado las cosas.
-Si, deberéis trasladaros pero solo será por vuestra propia seguridad.-respondió Neferet.
-Pero nosotros no queremos cambiarnos.-replique.
-Pero aquí no importa lo que queráis o no, yo soy la alta sacerdotisa y yo elijo. Ahora las chicas tienen que irse a su cuarto, vamos rápido-dijo nos echaba a mi y a Claire del cuarto.
No me gusta esto de que nos trasladen-dije a Atenea.
Lo se, pero allí estaréis en el sitio sagrado al lado del árbol con los poderes de la diosa. Hay nunca os ara daño.
Cierto pero…
Pero nada Zoey. Tu destino es ir para allá, nunca lo olvides.
A la mañana siguiente tuvieron que recoger todas sus pertenencias y guardarlas de nuevo en sus grandes maletas, después Neferet los metió en un avión directo a Sevilla.
Yo me senté con Erik en el avión, estuvimos todo el trayecto abrazados. No quería que nos separasen, el era, el era mi amor verdadero… Y nada iba a hacer que nos volviésemos a separar, ni Stevie Rae ni nadie… Me puse los cascos de mi ipod y puse para que se escucharan canciones al azar y empezó a sonar mi canción preferida “Summercat” la canción que siempre me alegra el día. Creo que a partir de ese momento deje de sentir miedo, sabia que mientras estuviera junto a mi hermana, mis amigos, mi madre y Atenea nada podría pasarme. Aunque no era tan fácil, no sabia ni siquiera a donde me dirigía. Pero como bien había dicho Atenea ese era mi destino…
Cuando llegamos nos recogió una mujer de unos cincuenta y tantos, decía que se llamaba Silvia y que era la encargada de cuidar del árbol sagrado y de la pequeña casa, aunque yo realmente no me creía nada de lo que decía sus ojos estrechos no atraían confianza.
Estuvieron dos horas más en coche hasta que llegaron a un pueblo llamado Santa Ana la Real. Tuvimos que pasar por despeñaperros un valle realmente bonito. No se por que pero nadie dijo nada durante el trayecto, el ambiente estaba tan decaído que sentía claustrofobia. Yo sabia que nada podía pasarnos ¿Por que ellos no confiaban en que fuese así?
El pueblo era… ¿Como explicarlo? Tenía un aura mágica lo que la gente llamaría un lugar encantado aunque nosotros sabíamos que no era mágico así por que así.
Nos íbamos a alojar en una calle empedrada no era muy larga y apenas había coches, el final de la calle daba a un gran espacio abierto lleno de olivos y muy verde.
Silvia nos señalo una casa, tenía unas grandes puertas de madera de caoba con doble hoja. Ella las abrió y entre en lo que se parecía más aun sueño que a la realidad. Había un gran y largo pasillo, con suelo de piedra y techos de vigas de madera. Las paredes eran de piedra pintada de blanco y las piedras del suelo eran blancas y había algunas negras que formaban unas largas margaritas negras. A la derecha había un sofá de madera con unos cojines rojos, a la izquierda unas puertas dobles de madera de ébano que conducían a una habitación con una cama de matrimonio con doseles. Un escritorio de madera con dos sillas aparentemente confortables y dos portátiles de Apple uno rosa y otro azul turquesa, en la habitación había dos puertas de caoba una daba a un pequeño baño con una gran bañera y la otra puerta daba a un pequeño closet.
Siguiendo por el pasillo un poco mas adelante había un salón a la derecha con varios sofás, mesas, una chimenea y estanterías con libros. Aunque parecía que tenía poca utilidad. A la izquierda había una escalera de caracol que se enrollaba bastante alto primero daba a una especie de clase muy bien equipada, hay 6 mesas, dos de ellas eran mesas dobles y estaban al principio de la clase de adelante de una pizarra verde. Otra de ella era la que supuestamente ocupaba al profesor, había dos mesas dobles más pero estas estaban más lejos y parecían mesas de laboratorio y la última estaba al fondo del todo y contenía todo tipo de frascos, productos, libros etc. Las paredes quitando los espacios de las ventanas estaban repletas de libros. La escalera seguía hacia arriba y allí había una especie de torreón desde donde se observaba todo el campo, el pueblo, la iglesia… ¡TODO!
Bueno sigo con el pasillo, un poco mas adelante a la derecha había una cocina con una gran chimenea, un horno de pan, un frigorífico, una mesa de pino bastante gastada, algunas sillas y poco mas.
A la izquierda otra habitación idéntica a la otra. Al final del pasillo cuando se habría la puerta había un pequeño porche con algunas mesas altas y varias normales. Y una gran mesa donde parecía que se ponía un buffet libre. Y allí delante nuestra estaba el árbol el preciado árbol… Era hermoso lo mejor que he visto y que veré en toda mi vida, el árbol estaba flotando en el aire y tenia el tronco, las raíces y las ramas de color dorado. Pero las hojas eran de color turquesa. Era mágico.
A la izquierda del árbol había otra puerta algo más pequeña que daba a un pequeño salón con una chimenea, un sofá en forma de “ele”, una televisión y una pequeña barra con un frigorífico. También había otra puerta que daba a un huerto por el que se cruzaba por un camino de piedras blancas y al final del camino un cenador iluminado con velas azules y doradas.
Cualquiera se hubiese enamorado a primera vista de este lugar al que desde este momento debía llamar mi hogar.

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